Ya que m toca evocar tiempos pasados, muy pasados, se m viene otro recuerdo a la mente.
Estaba en vacaciones, en mi dormitorio, evidentemente faltando poco p retomar las clases del jardín, cuando mientras hablaba de eso, mi hermano mayor (de todos), Nicolás, m retruca: "pero no vas más a la sala azul (creo que era azul, ya m corregirá él si m equivoco), ahora vas a ir a la roja, ¿no sabías? JA" M acuerdo de haber sentido una desilusión y una preocupación muy intensas, y a la vez una negación total a aceptar lo que mis pequeños pero agudos oídos escuchaban. ¿Cómo podía ser? ¡Esa era mi salita! No podían quitármela, ¿qué generaba tal cambio? No sé precisar cuál fue mi respuesta, pero seguramente fue una negación, como toda mi vida acostumbré a responder, haciendome la que la tenía súper clara.
Lo malo, fue que al comenzar las clases, m choqué con la cruda realidad: la cátedra jardinezca, ese año, se dictaba en la salita roja. (Y, una vez más, mi hermano terminaba teniendo la razón)
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